jueves, 1 de diciembre de 2011

Pesqué, qué pez, qué

Empezamos. ¡Empezamos! En pez, amos. Por lo cual, en pez, y de a tramos; en vez de amos; en pez tramos, cada vez.  Y si lo ves, es porque mientes si yo no creo habértelo mostrado, y menos aún pescado.
Pero quién estará, a esta altura, bien bajito, tan sustraído de una elipse como para leer esto. Yo no lo haría. Menos que menos si el susodicho pez es ya pescado (lo cual no me extrañaría), y, como a todos, el pecado me abruma, primero por su olor, luego por su estigma.
A todas luces, el pez no será el de la espada, sino más bien el pez martillo, es decir, martín yo...
Pero "no tan rápido" dijo el segundo al primero, que, notablemente, no llegaba.
Entonces, no sólo por cortesía, esperémoslo: él nos habrá de mostrar cuál era el camino que nos creímos haber recorrido en tanto que primeros, no obstante siempre fuimos, somos y seremos segundos, respecto de cronológicas magnitudes.
Y bien, empezamos, en pez esclavos. En pescaderías me fue mejor cuando fui a pedir fugazzettas.
 La negativa, del otro lado del mostrador, duraba lo que el hedor del pescadero en impregnárseme como si lo hubiese abrazado, vale decir, mucho. Sin embargo, cuando le dije que no me mire de esa manera y que si no tenía fugazzettas, -pareciéndome útil adecuarme más al contexto textualmente- me parecía igual de bien con palmitos, el pescadero, con su expertisse afilaba un cuchillo y me miraba como mal. Por lo cual, adiestrado sobreviviente, le dije que fuera de toda tribulación que pudiese haber advenido con mi llegada a la pescadería, yo la pizza la prefiero con anchoas, y ahí fue que me abrazó y yo también a él, aunque más no sea para no acuchillarme.
Ya está, eso es decir empezar, y en pecebres.
Una redención y una expiación se ofrecen al 2x1, pero no podría yo adquirir, porque no me sé las tablas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario